Probablemente, la gastronomía es un arte de clases medias y, mejor aún, de esas clases alternas que pasan meses de privación y semanas o días de opulencia, porque el dilettante en cocina no es como el dilettante en música, en pintura o en escultura, que puede pasarse toda la vida en contacto exclusivo con obras maestras y que no necesita nunca ponerse a régimen. Las obras maestras culinarias hay que irlas espaciando cada vez más, ¿y cómo podría espaciarlas el verdadero aficionado si la necesidad no les obligase a ello?
Por lo que a mí respecta, declaro que, habiendo satisfecho hasta ahora mis curiosidades culinarias en la medida que me fue posible, renuncio a lo mucho que me queda aún por conocer, y que, al escribir este libro, no me guía el propósito de ir a ninguna Dalmacia. No. Por desgracia o por suerte, yo he comido ya bastante en este mundo, y de hoy más me conformaré imaginándome a mis lectores en el acto de saborear algún plato suculento.
Julio Camba
